miércoles, febrero 08, 2006

Tercera llamada...comenzamos

Y aquí vamos otra vez... se abre el telón y una vez más esa interminable serie de escenas cargadas de sensaciones, sentimientos y acciones que nos llevan a lugares inhóspitos, empiezan a sucederse desencadenando finales inesperados.
Como actores en una obra que se repite y reinventa una y otra vez nos arremolinamos en las mismas existencias absurdas que sin embargo nos cierran el mundo por momentos y nos hallan inmersos en nuestros propios dramas y comedias, en mil y un aventuras.
Muchas veces las cosas no son como quisiéramos que fueran y se convierten en lo que tienen que ser, como si alguien se afanara en escribir libretos que nos complican la vida, en los que no es tan difícil afrontar que la historia no sea como se esperaba, sino aceptar el hecho de que por momentos no importa cuánto se intente, ni siquiera puede ser modificada.
El público calla, obseva expectante y ve cómo poco a poco los personajes interactúan, historias y recuerdos se desarrollan y de repente, en el climax de la historia, hace su aparición la traición que lleva a la desconfianza, al recelo, y activa las defensas de quien paseaba tan plácidamente por el escenario, llenando de veneno sus venas y oscurecen la perspectiva de un final feliz conviriténdose en semillas de futuras batallas, catalizadores del orgullo y la venganza.
El público ya ni siquiera pierde el tiempo perguntándose ¿por qué?, simplemente se dedica a afrontarlo, a ver pasar toma tras toma conciente de que no es ni la primera ni la última vez que ésto le pasa a la protagonista y que ésta ya ha aprendido a sortear las ofertas y los rechazos; con la seguridad de que no va a quebrarse.
Lo más absurdo de ésta obra, es que muchas veces ese error que tanto ha desencadenado es el más obvio camino al lugar indicado y no queda más que acabar agradeciendo la mala intención de aquellos que crearon el daño, por hacer más interesante la historia.
Y después de atrincherarse entre llamas y maldiciones el tiempo avanza, todo parece terminar, pero esa sensación de vacío permanece, porque el daño no se puede olvidar, y tras el recuento, la intérprete siempre se encuentra donde empezó, sin arrepentimientos, pero con más recelo, más cargas, más cautela, todo eso que no la deja vivir sin ataduras, que la encadena a una existencia de causa-beneficio, de razocinio...
La historia está por terminar, el final puede sentirse cerca, pero la sensación de desengaño, de decepción aún flota en el aire, y de repente, eso que molestaba es causa de mofa, y vemos a nuestra protagonista riendo de si misma y de haber permitido que algo tan pequeño se hiciera tan grande y de darle a algo o alguien una importancia que por sí solo no tenía, que al fin y al cabo ya llegaría alguien más; como siempre había sucedido, quedaba la promesa del mañana, de una nueva historia.
Tal vez no sea una comedia, pero no será una tragedia, ciertamente estará llena de aventuras, de sueños, y tal vez, con suerte, de amor.
La música termina, la cortina cae y dejo de ser la protagonista de un drama que se desvanece y vuelvo a ser la estratega, dejo de actuar para empezar a planear y estar lista para la siguiente batalla, para el siguiente acto en ésta historia sin fin.
Dejo de ser el objeto de un libreto y regreso a escribir, todo es más fácil cuando escribo, porque una vez que las palabras drenan el caos en mi cabeza todo empieza a ser más claro, menos relevante, más insignificante y retiran de mí el peso que me dificultaba seguir, subirme al escenario y enfrentarme a la crítica, al telón, al público...

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