Mucho ha pasado, nada que yo planeara.
La uni me aburre, pero me aferro a permanecer en ella porque no hay a dónde ir, porque no sé darme por vencida.
El peligro se cierne sobre los que amo y miro impotente mientras todo parece caer a mi alrededor, no hay nada a lo que pueda aferrarme, pendo de un hilo ante el abismo que tengo en frente y al que irremediablemente me veo arrastrada.
Me siento fuerte por momentos, me siento dichosa por segundos, pero se desvanencen más rápido de lo que tardo en percibirlos, dejándome desprotegida.
La inercia de mi vida una vez más toma el control y me encuentro luchando contra lo imposible, resistiéndome a lo invisible, negándome a lo inevitable...
Entonces aparece un rayo de luz y miro hacia lo único que durante años ha permanecido constante pero nunca se ha quedado, ese alguien que siempre he tenido y nunca ha estado a mi lado, ese alguien a quien todo le confío y en el que nunca he confiado, aquél a quien odio y amo, a quien controlo, me controla y temo, ese que me ha llevado lejos sin moverme un paso. Es extraño, pero cuando lejos se encontró yo lo hallé cerca, cuando no podía vislumbrarlo finalmente pude verlo y me llevó a dónde yo no pretendía estar.
Me sentí confiada, finalmente estaba aquí otra vez, alejándome de mis problemas, obligándome a reponerme, diciendo justo lo que no quería pero necesitaba escuchar, abrazando mi vulnerabilidad sin rodearme con sus brazos...pero entonces me habló como hace desde que formé parte de su vida como alguien ajena a sexos, a limitaciones, a remilgos y sin percibirlo me golpeó.
Aclarado quedó lo que ya sabía, lo que nunca me ha dicho; condenado dejó lo que no sospecha porque yo no lo entiendo y me dejó con un dolor en el corazón, uno que no sentía hace mucho, ese que jamás esperé sentir por él.
Él también tenía que seguir, pareciera como si yo fuera la única que no va a ningún lado y finalmente vi, que por mucho que hayamos avanzado, nunca llegamos a ningún lado.
Llueve por dentro, se inunda la esperanza, se ahoga la fuerza, y él con todo su encanto e ingenuidad, con su ignorancia de nuestra evidente realidad, de mi absurdo y hasta ahora (aún para mí )oculto secreto se ha llevado un poco más de mi entereza...sin dolo ni malicia me ha dado el tiro de gracia.