sábado, febrero 17, 2007

Balance


Porque demasiado bien sé de dónde vengo camino sin importarme mucho a dónde voy, sólo sabiendo que de hecho, voy.

Entre las figuras etéreas e inconstantes, entre las luces multicolores, entre el sonido ensordecedor del deseo, se puede ser lo que se quiera, se puede obtener lo que se espera y luego encontrar la comodidad de verlo partir, de disolverlo con el alba.

No hay problemas ni complicaciones, sólo está la fotaleza del silencio en la que cuidadosamente se guardan todos los secretos, las experiencias, eso que no has de compartir y que encierras para admirar en momentos de nostalgia, de añoranza, de actitud...o de fuerza.

Sirena entre los mares de tormentas llenos del drama de a quien su amistad entrega, encuentra que no pertenece ni es tampoco ajena y halla ese punto perfecto en el que no es ella ni pierde esa imagen que la representa, mientras la vida sigue dando vueltas vertiginosas y la enciende con su estela.

Aguarda, sigue callando; observa, sigue analizando, y al final apuesta, se lanza con todo y por todo y es entonces cuando encuentra que no importa cuantas batallas conquiste, siempre habrá nuevas, y es entonces que entiende cuánto gusta de saberse diestra.

Decidida a ver, a poseer, a ser, poco le importa lo que el mundo le opine, establece sus reglas y vive acorde a ellas, en un exquisito balance entre música y silencios, entre añoranza y olvido, entre pasión y frío, hasta que el alma gobierne, el corazón encuentre o la razón se canse; sea como fuere ella baila con sus demonios, se atreve a vivir a todo, nada más sabroso para pasar el tiempo, nada mejor tiene que hacer hasta que llegue el momento...

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