lunes, agosto 18, 2008

Entre el tango y el mariachi...

Momentos de una vida que ha vivido de sus despojos
de evidentes realidades rayando en el absurdo
y eternas obviedades cuestionándose al mundo
añorando un respiro, un camino, de esperanza un manojo.

Amanece en el ocaso de sueños sin colores
que se suman a la cansada memoria y sus recuentos
ignorando que a recorrer caminos y no a súbitos eventos
responden las búsquedas de cálidos amores.

Queman pues los inviernos y sus ausencias
porque lo que se carece pesa ávido de olvido
cuando la inmunidad se cuenta entre lo perdido
y surgen similitudes donde antes existían diferencias.

En el ensayo sin error empecinada
me aferro a una seguridad incierta
encontrando tedio, desesperanza y falta de respuesta
abro los ojos a las sombras que me atormentan.

Camino entre el orgullo que mató su indulgencia,
admirando el borde del río que le he llorado
velando las notas que dejaba su presencia
recuerdan ahora mis labios la nostalgia de su tango
que por no aceptar no negaba
el pérfido poder de su encanto.

Pero aún destilan fuerza, laten mis venas
si ande embriagado de dolor, de silencio mi llanto
resignada, mi condena seguiré entonando
no hay derrota, sólo mariachi para acompasar mi pena
ya no asfixia, sólo duerme y se despierta
entre el tango y el mariachi se refugia el pasado.

miércoles, agosto 13, 2008

Todo lo que quiero de ti...

Hola.
¿Te acuerdas de mí? Soy esa mujer con la que pasabas los días y llamabas por las noches, esa con quien compartiste sus pasiones y a quien le robaste la vida.
Hoy vengo a decirte eso que me callé cuando nos dimos la media vuelta y ya no volvimos a ser.
Guarda silencio, no intento atacarte ni cohersionarte, sólo quiero que escuches y luego, si así lo decides, puedes volver por donde viniste y olvidarte de lo que llegaste a oir.
No, no me pareció tu manera de hacer las cosas y sí, acéptalo, tenías tanto o más miedo que yo, pero te fue fácil echarme la culpa, exhaltar mis errores y temores para ocultar que simplemente no lo intentaste y boicoteaste lo nuestro tanto como yo.
No soy tonta, sé cuánta culpa tuve, sé cuántas cosas hice mal, y lo que más me molesta es que lo hice a costa mía; yo sábía lo que sentía y lo que quería y me decidí por ignorarlo, por no serme honesta, y si bien acabaste por demostrarme cuanta razón tenía al recelar, pagué el precio.
Extraño demasiadas cosas que viví contigo, la cosa es que empiezo a dudar si sigo extrañándote también a ti o si tan sólo añoro eso que me hiciste creer y que luego resultó ser un espejismo.
A tí, el hombre, te desprecio. Por ti y sin ti los tangos ya no arden y la salsa ya no late, las noches ya no brillan y el corazón ya no confía. Por ti las barreras crecieron y los horizontes lejanos se hicieron la única salida. Te llevaste mis pasiones y mi confianza y me dejaste la memoria y esa fuerza vengadora que me lleva a pelear.
Ya no quiero de vuelta al hombre, ese que creí que eras se ahogó en la desilusión de quien era cuando estaba contigo; pero si quiero a mi amigo, te exijo de vuelta a mi mejor amigo, ese sin el cual mi vida simplemente parece no ser la misma, ese que era cierto a pesar de ti y de mí.
Eso era todo lo que tenía que decirte, la última de mis despedidas, llevate lo que dejaste y regresame lo que me pertenecía; mi amigo, si, eso es todo lo que quiero de ti...