domingo, mayo 10, 2009

Despedidas



Lo que tanto temía sucedió, se fue y no dijo adiós.

Los días avanzaban lentos y grises y yo luchaba con todas mis fuerzas por mantener a raya la tristeza y el desconsuelo, estaba demasiado perocupada y ocupada en no derrumbarme hasta que de pronto algó tembló, la barrera se agrietó y luego...nada pasó. Todo ese miedo a que me ahogara el dolor, todo ese temor a que me sangrara el alma y resultó ser infundado.


Por supuesto que mi corazón siente el vacío de su ausencia, por supuesto que mi mente me traiciona y lo llama entre sueños, pero los recuerdos no queman, las ausencias no me hielan, los vacíos no me consumen; de alguna forma vivo cada día andando lento y con cuidado pero sin lamentos, de alguna forma sobrevivo sin sufrir.


Lo quiero y eso no ha cambiado, pero estoy convencida de que estoy pasando por lo inevitable y lo supero con dignidad y fuerza, tratando de salvaguardar mi corazón de la dureza, de la amargura y la desilusión.


Sé que no soy inmune y que no puedo creerme que todo será así de fácil y civilizado, así que evito pensarlo a toda costa y arriesgarme a perder la compostura, me aferro al rayo de luz que me levita en la oscuridad.


Yo he hecho las paces conmigo y con mi desencanto, he recitado mis despedidas y resoluciones y camino en desacato a las fatídicas predicciones de aquellos que juraban mi caída. Voy con la frente bien en alto dispuesta a tomar lo que me ofrece la vida y a soltar lo que me quita, a no temer lo que con el tiempo decida; voy cantando mi destino y bailando a la orilla del abismo que si caigo ha de ser con los ojos abiertos y a fin de cuentas"tierra firme" nunca me ha sido divertida.


Y heme aquí, una fuerza de la naturaleza condenada a vivir una y otra vez un cuento sin final feliz, una damicela resuelta a convertirse en su propia heroína que encara las vueltas de la vida y hace de sus golpes su melodía, una estrella solitaria agradecida con la vida porque con todo lo que es capaz de lastimarme es también mi mejor amiga.


Ella, corta mis amarras y rompe mis vínculos y cadenas, me abre el paso a nuevos horizontes y me regala razones para dar la media vuelta. Me saca de mi torre y me obliga a dejar de esperar al prícincipe que resulta ser sapo. Me da fuego, me insta a nuevas tierras; para que al final, con el consuelo del viento, decida que si mi destino es ser lluvia, entonces he de ser tormenta.


He pasado del amor al desamor y del desamor al desencanto, pero a fin de cuentas, herido, necio y blindado tengo un corazón y su destino es amar; tengo un corazón y no tengo uso para él, así que con todo su tiempo libre se dedica a desordenar; y a mí no me queda más que exprimir cada gota de miel de los locos viajes a los que me arrastra y disfrutar el trayecto, que a algún lado algún día me llevará.

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