sábado, julio 25, 2009

Se acaba el tiempo...


Tengo una decisión difícil que tomar. No es la primera vez que me pasa esto, pero sí es la primera vez que no tengo idea de qué debo hacer, y es que he tomado ya tantas decisiones determinantes en mi vida que han resultado erróneas, que no quiero hacerlo una vez más.

Trato de no enfocarme en lo negativo, pero como toda la vida mi escala de valores no concuerda con la de los demás a mi alrededor y lo que a ellos les parece bueno o deseable a mí me parece poco menos que espantoso.

Tengo sueños, muchos sueños, pero estoy cansada de despertarme, así que me he habituado a admirarlos en la vitrina en la que los guardo y contentarme con reflejarme en su brillo. Así, me despierto cada mañana inmersa en una rutina que con su calma, su mutismo, su estabilidad, me permite soportar cada día en espera del siguiente, ya consciente de que no traerá nada espectacular, pero tampoco traerá nada terrible.

Me he aferrado a lo poco que tengo que me hace feliz y al hacerlo me he convertido en alguien que no era, más humana, pero menos viva, menos deseosa de batallar.

Hoy la vida me enfrenta con un cambio. Un cambio que trae consigo títulos elegantes y más dinero del que obtendría si me quedo buscando oportunidades aquí. Un cambio que se llevaría mi paz y esa vida soleada con aquellos a quien amo para hundirme en el caos de la "ciudad más grande del planeta", una ciudad que desde niña detesto y cuya forma de vida y habitantes rechazo por su falta de belleza, de calor, de civilidad.

Increíble como todos a mi alrededor se han levantado, como abejas que de pronto hubieran notado un rastro de miel, empujándome a un cuadro de una vida con matices de acero y aires de tormenta y yo, que me aferro al sol menguante de mis circunstancias actuales, no encuentro la fuerza para negarme, pero tampoco para aceptar de corazón.

¿Debo irme tan sólo por llenar expectativas ajenas? ¿Debo lanzarme tan sólo para no preguntarme cómo hubiera sido hacerlo? ¿Debo ceder al nombre, al capital, a las apariencias? ¿Debo ceder a mi propia debilidad y contento y permanecer donde estoy?

Ante las lecciones del amor, como las de la vida, quisiera ser quien antes era, porque el desapego, la soledad, me permitían ser fría y superficial, dos cualidades que me hubieran permitido ahorrarme hoy muchas lágrimas y dudas, tantas horas de temor y decepción.

Se acaba el tiempo, la decisión me apremia a ser tomada, me esfuerzo por vislumbrar pedacitos de futuro para saber a dónde ir, se acaba el tiempo...

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