
Pareciera que mientras más trabajamos para elevar la calidad de nuestra vida, menos vida tenemos para vivir. No es que mi periodo pre-encierro en oficina haya sido especialmente excitante, pero definitivamente había algo embriagador en la noción de ser la única que decidía sobre mi tiempo.
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Es justo aclarar que mi previa afirmación no tiene ni el menor rastro de queja, contra toda expectativa, esta nueva etapa ha resultado ser bastante gratificante y enriquecedora, me atrevo a decir que soy feliz.
Es justo aclarar que mi previa afirmación no tiene ni el menor rastro de queja, contra toda expectativa, esta nueva etapa ha resultado ser bastante gratificante y enriquecedora, me atrevo a decir que soy feliz.
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Extraño cómo cuando todo parece ir bien, queda una cosa que nunca deja de ir mal, o por lo menos no mejora, posiblemente porque insisto en querer que sea algo que aparentemente no puede ser.
Extraño cómo cuando todo parece ir bien, queda una cosa que nunca deja de ir mal, o por lo menos no mejora, posiblemente porque insisto en querer que sea algo que aparentemente no puede ser.
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Llevo esa parte de mi vida conmigo a todos lados. La llevo en el Ipod, en el celular, en los recuerdos, los lugares, la gente…la llevo tatuada en el cuerpo y aferrada al corazón, como un parásito que con cada latido se lleva un poco de la energía, la llevo en el alma y en el clima, determinando cuando sale el sol y cuando llueve a cántaros.
Llevo esa parte de mi vida conmigo a todos lados. La llevo en el Ipod, en el celular, en los recuerdos, los lugares, la gente…la llevo tatuada en el cuerpo y aferrada al corazón, como un parásito que con cada latido se lleva un poco de la energía, la llevo en el alma y en el clima, determinando cuando sale el sol y cuando llueve a cántaros.
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Es como una píldora que me hace sentir viva mientras dura la dosis y que me pone a temblar y de un humor espantoso cuando empieza a diluirse. Me ha hecho adicta a su efecto, condenada al infierno del síndrome de abstinencia cuando no regresa a tiempo para inyectar más de su esencia en mí; me ha hecho adicta porque aún sabiendo que no es bueno para mí salgo en busca de la siguiente dosis y pago el precio sin dudarlo, se ha vuelto una necesidad.
Es como una píldora que me hace sentir viva mientras dura la dosis y que me pone a temblar y de un humor espantoso cuando empieza a diluirse. Me ha hecho adicta a su efecto, condenada al infierno del síndrome de abstinencia cuando no regresa a tiempo para inyectar más de su esencia en mí; me ha hecho adicta porque aún sabiendo que no es bueno para mí salgo en busca de la siguiente dosis y pago el precio sin dudarlo, se ha vuelto una necesidad.
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Pero la conciencia del daño que me causa no alcanza para sanarme. Sigo pendiente de sus apariciones y ausencias, pasando la mitad de mi tiempo convenciéndome de lo malo que es para mí y la otra mitad extrañándolo y deseando su regreso sin importar las conclusiones y resoluciones a las que he llegado. No importa cuánto me proponga romper con todo, no importa cuán fuerte me sienta, al final, sólo hace falta unas cuantas palabras para que salga en su búsqueda sin memoria ni titubeo; porque sí, puedo dudar de muchas cosas y confundirme en otras tantas pero hay una segura, vivo para esos momentos, porque aún cuando la felicidad llena mi vida, sólo entonces soy completa e integralmente feliz. Y es que ¿quién puede negarse al corazón que desbocado marca con sus palpitaciones la prisa de nuestro encuentro? ¿Quién puede rehusarse a sentirse adolescente otra vez, ansiosa, inocente, fresca y libre, sin cargas? ¿Quién puede declinar la oportunidad de suspirar por las noches, reír con sus secretos de día y estremecerse de alegría de tan sólo evocar un recuerdo?
Pero la conciencia del daño que me causa no alcanza para sanarme. Sigo pendiente de sus apariciones y ausencias, pasando la mitad de mi tiempo convenciéndome de lo malo que es para mí y la otra mitad extrañándolo y deseando su regreso sin importar las conclusiones y resoluciones a las que he llegado. No importa cuánto me proponga romper con todo, no importa cuán fuerte me sienta, al final, sólo hace falta unas cuantas palabras para que salga en su búsqueda sin memoria ni titubeo; porque sí, puedo dudar de muchas cosas y confundirme en otras tantas pero hay una segura, vivo para esos momentos, porque aún cuando la felicidad llena mi vida, sólo entonces soy completa e integralmente feliz. Y es que ¿quién puede negarse al corazón que desbocado marca con sus palpitaciones la prisa de nuestro encuentro? ¿Quién puede rehusarse a sentirse adolescente otra vez, ansiosa, inocente, fresca y libre, sin cargas? ¿Quién puede declinar la oportunidad de suspirar por las noches, reír con sus secretos de día y estremecerse de alegría de tan sólo evocar un recuerdo?
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Si esto no es amor, definitivamente se le parece bastante, un amor amorfo, pendenciero e inconcluso; el tipo correcto de error que me obliga a vivir en la dualidad entre la mujer ejecutiva, la trabajadora constante que empuja su entorno y se entrega a la búsqueda del éxito profesional, y la mujer idealista, la romántica closetera para la que no hay nada importante que los segundos de dicha que alcanza con la mera presencia del amor imposible. Vivo en la comprensión de que de día soy la dama responsable y de noche la luna rebelde y soñadora. Vivo hecha un lío de sueños, ilusiones, deseos, realidades e irrealidades, amor y desamor, alas y cadenas, pero el hecho y lo que importa es que vivo…
Si esto no es amor, definitivamente se le parece bastante, un amor amorfo, pendenciero e inconcluso; el tipo correcto de error que me obliga a vivir en la dualidad entre la mujer ejecutiva, la trabajadora constante que empuja su entorno y se entrega a la búsqueda del éxito profesional, y la mujer idealista, la romántica closetera para la que no hay nada importante que los segundos de dicha que alcanza con la mera presencia del amor imposible. Vivo en la comprensión de que de día soy la dama responsable y de noche la luna rebelde y soñadora. Vivo hecha un lío de sueños, ilusiones, deseos, realidades e irrealidades, amor y desamor, alas y cadenas, pero el hecho y lo que importa es que vivo…