martes, junio 08, 2010

Labels or love...


Las mujeres pasamos la vida entre etiquetas. Están las impuestas por la sociedad (madre, hija, esposa, hermana), las del género (mujer) o hasta las de las marcas que vestimos.

Algunas etiquetas son más caras o pesadas que otras, y lo cierto es que de una u otra forma cargamos con más de una al mismo tiempo.

En un mundo de caos, a una mujer sola como yo le gusta sentir que existe un poco de orden, orden que obtiene de controlar su entorno, o al menos intentarlo con todas sus fuerzas. Pero de tiempo en tiempo, llegan esos momentos, esas variables que no tenías consideradas ni planeadas y que acaban por darle la vuelta a tu vida, estés o no preparada.

Una ráfaga de cambio golpeó mi vida recientemente, y durante poco más de un par de meses estremeció los cimientos de todo lo que que era, lo que creía que era y lo que quería llegar a ser. Arrasó con mis etiquetas.

Y es que ¿qué caso tiene clasificar algo que de naturaleza es tan especial que no puede definirse? Increíble cómo de algo que se antojaba casual naciera algo un poco más duradero que viniera a recordarme que la vida se trata de vivir con nuestras propias reglas, bajo nuestros propios términos, y no de responder a las espectativas de los demás.

Obvio era que yo quisiera contener esa ráfaga por un poco más de tiempo, pero como el viento, no podía ser apresada, sólo estaba aquí para poner las cosas en movimiento y luego partir...para que tal vez, si la fortuna lo permite, regrese algún día a ver lo que sembró.

No existen etiquetas para definir lo que sentí por esa persona tan especial, si no amor, algo bastante parecido pero menos dañino. No hay clasificaciones que alcancen para abarcar todo lo que viví, todo lo que entregué, todo lo que tomé...

De un mar de sensaciones y emociones encontradas, más allá de la tristeza, el anhelo y las ansias, brilla algo más fuerte y positivo, la noción del agradecimiento de que aunque fuera fugazmente, pasó por mi vida, fue real y recíproco, fue honesto y enriquecedor; brilla la certeza de que por una vez en la vida, el precio pagado valió la pena...pero para que así fuera tuve que romper estándares y estereotipos, tuve que elegir entre las etiquetas o (algo bastante parecido) el amor...

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