sábado, julio 10, 2010

Verdades que se cantan...

De todo las cosas de las que podría acusarlo, la mentira no es una de ellas.
Algunas veces la verdad duele, arde, destruye; pero no existe mayor forma de respeto que tener el valor de enfrentarse y decir aquellas cosas que la mayoría calla.
Si las cosas no son como hubiera querido, si el cariño se ha extinguido y el recuerdo desvanecido, aún quedó un poco de nada, lo suficiente para que tuviera esa consideración para mí.
Con la ausencia del dolor, la inexistencia de un desengaño y el absolutismo de la despedida, no quedan más que mirar hacia delante a sabiendas de que la historia terminó y el capítulo no tiene regreso, y mis respetos para un hombre que se ha demostrado más hombre que todos cuantos han pisado el escenario de mi vida.
La tristeza palpita tímidamente en los escondijos de mi alma. La pérdida de algo que vale, a fin de cuentas, naturalmente se duele de los sueños que se desperdician; pero sigo firme en mi voluntad de no dejar que las heridas destilen veneno, que no se infecten de dolor.
Aún me pregunto si sobrevivo tan bien porque camino en negación o porque finalmente he aprendido mis lecciones; sea como fuere, la luz entona mi vida, y no existe forma más fiel, ni más valiente de mostrar más allá de las palabras todo aquello que sí soy capaz de admitir... con una realidad que hoy amaneció entre el tango...


...y el mariachi...



Así, haciendo un balance puedo decir que hay en mi vida no sólo verdades que se escuchan, sino verdades que se dicen, verdades que se cantan...

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