Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata,
y mato al que me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo;
Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo, por mejor partido, escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que, de quien no me quiere, vil despojo.
-Sor Juana Inés de la Cruz
Lumbrera mi Sor Juana, poeta adoración desde mi infancia, que desde entonces describía la sucesión de mis amores. Hoy, ya nada niña en muchas cosas, sigo siendo el ejemplo de la sabiduría de una religiosa que se supone, no tenía experiencia en el vivir y que aún así, sabe más de mis dolores si bien no puede más que acompañarme en mi camino por aliviarlos.
Y es que inmersa en la negación, camino prendada de amores lejanos, distantes más en distancias que en sentimientos, porque el desamor no ha hincado su garra aunque Cupido tampoco haya hecho su labor.
Por ahí andan nuevas ocasiones, pero de todas las opciones yo sólo puedo ver la que se encuentra entrecerrada, ni convencida ni alejada, iluminando mi vida desde parajes remotos; sin intensiones ni intereses, tan sólo por ser ese adorable ser que me conquistó.
Podría parecer necia por mirar hacia donde ya no hay nada, por suspirar por la primavera que ya se esfumó, pero ¿cómo le obligas al corazón a que no recuerde? ¿Cómo dejas de sentir los tatuajes del alma? ¿Cómo dejas de buscar la felicidad que tanto sanó?
Y es que vengo haciendo todo mal, caminando de espaldas mi camino y tropezando con mis propios pasos. ¿Será que por ser distinta me toca lo más oscuro de cada hora? Como sea, cansada estoy de escuchar el trágico canto de la alondra, anunciando mis infortunios por amar y no ser amada; por ser herida cuando sanar es lo que estoy buscando, cuando caigo derrotada por el pecado de sentir fe, de ser confiada y entregar lo que apenas estoy juntando.
Me alimento de la música por no respirar los recuerdos, por no ahogarme en los anhelos de vidas pasadas; pero de cuando en cuando, de noche en noche, las memorias salen de la vitrina y mientras intento dormir, danzan, apoderándose de lo poco que queda de mi voluntad de seguir bailando sola y encontrar por mi misma mis cantos.
Entonces voy buscando esperanzas en las luces de nuevos ojos, hasta que se encaja la traición, el engaño, y me recuerda por qué en primer lugar amaba a quien amaba, por qué no se ha apoderado de mí el desencanto. De vuelta al inicio, con otro nuevo capítulo fallido en la historia, me saltan lo versos de mi inspirada admiración que blandían mi memoria:
Y es que inmersa en la negación, camino prendada de amores lejanos, distantes más en distancias que en sentimientos, porque el desamor no ha hincado su garra aunque Cupido tampoco haya hecho su labor.
Por ahí andan nuevas ocasiones, pero de todas las opciones yo sólo puedo ver la que se encuentra entrecerrada, ni convencida ni alejada, iluminando mi vida desde parajes remotos; sin intensiones ni intereses, tan sólo por ser ese adorable ser que me conquistó.
Podría parecer necia por mirar hacia donde ya no hay nada, por suspirar por la primavera que ya se esfumó, pero ¿cómo le obligas al corazón a que no recuerde? ¿Cómo dejas de sentir los tatuajes del alma? ¿Cómo dejas de buscar la felicidad que tanto sanó?
Y es que vengo haciendo todo mal, caminando de espaldas mi camino y tropezando con mis propios pasos. ¿Será que por ser distinta me toca lo más oscuro de cada hora? Como sea, cansada estoy de escuchar el trágico canto de la alondra, anunciando mis infortunios por amar y no ser amada; por ser herida cuando sanar es lo que estoy buscando, cuando caigo derrotada por el pecado de sentir fe, de ser confiada y entregar lo que apenas estoy juntando.
Me alimento de la música por no respirar los recuerdos, por no ahogarme en los anhelos de vidas pasadas; pero de cuando en cuando, de noche en noche, las memorias salen de la vitrina y mientras intento dormir, danzan, apoderándose de lo poco que queda de mi voluntad de seguir bailando sola y encontrar por mi misma mis cantos.
Entonces voy buscando esperanzas en las luces de nuevos ojos, hasta que se encaja la traición, el engaño, y me recuerda por qué en primer lugar amaba a quien amaba, por qué no se ha apoderado de mí el desencanto. De vuelta al inicio, con otro nuevo capítulo fallido en la historia, me saltan lo versos de mi inspirada admiración que blandían mi memoria:
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Y así, cansada del embrujo, me acuesto con Morfeo esperando levantarme sin antojo, porque olvidada por quien yo quiero y burlada por el despojo no me queda más que levantar de la caída mi orgullo, mi dignidad y el arrojo…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario