
Cuando recortamos una figura, siempre seguimos las líneas, en un principio porque eso fue lo que nos dijeron de niños que había que hacer, ya de adultos porque ya ni se nos ocurre hacer las cosas de manera distinta. Como ese, tenemos muchos patrones, reglas autoimpuestas que nos impiden pensar fuera de la caja, hacer cosas distintas, imaginar nuevas opciones.
.
Como muchos otros yo también tengo mis patrones, esos caminos que sigo una y otra vez y que obviamente terminan siempre en el mismo lugar. Podría argumentar que el paisaje no se veía distinto, que esta vez tomé una bifurcación distinta o empecé en un punto diferente, pero lo cierto es que en algún punto, generalmente antes de dar el primer paso, ya hice algo igual que siempre, algo que una vez me condena al mismo condenado lugar del que estaba intentando salir. Lo gracioso es que no siempre camino en círculos, casi siempre es en línea recta de frente al horizonte, y aún así pareciera que tengo una habilidad sobrenatural para acabar en lo mismo.
.
De ninguna manera me quiero hacer la víctima o instalarme en mártir. Si acaso soy víctima de mi misma, de mis miedos y necedades que me hacen elegir los mismos patrones una y otra vez aunque pareciera que es inconscientemente, tan sólo porque seguir tus propios pasos es el camino más seguro a seguir.
.
Seguridad. Esa falsa idea que es la peor consejera cuando se trata de tomar decisiones de vida, porque lo cierto que en que nada en la vida es certero o seguro, es su precondición de ser, y nos engañamos pensando que nosotros podemos hacerla distinta, que podemos controlarla, y es entonces cuando nos zampa en la cara nuestra ingenuidad.
.
No, las decisiones de vida no deben hacerse porque queremos sentirnos cómodos o seguros, porque acabaremos teniendo todo menos eso. En la vida hay que ser valientes, para emprender, para luchar, para aferrarse y para dejar ir; hay que estar conscientes de que la vida duele, pero hay algunas cosas (y sólo algunas) por las que vale la pena sufrir, todo lo demás simplemente debe borrarse del mapa. Como se dice por ahí: si ya te va a llevar la fregada que sea con un buen jinete.
.
¿Por qué entonces, siendo una mujer inteligente e independiente, acepto esto? Fácil, por comodidad. Oh la camodidad, otra ilusión destructiva con la que disculpo mis debilidades y oculto mis verdaderas necesidades; otra insulsa explicación para mi necedad a predisponerme a relaciones que a todas luces se ve que van a fracasar, para mi necedad de pararme mero enfrente de donde pasará la bala.
.
De mis patrones no he sacado más que cobardía, fracasos amorosos y regaños a mí misma. Y es que siempre me pregunto por qué mis relaciones no funcionan cuando en el fondo sé claramente la respuesta: porque siempre elijo mal. Siempre acabo con un niño jóven e inmaduro incapaz de querer a alguien que no sea él mismo y a quien tolero porque de alguna forma de sus migajas hago lo que necesito y porque de su egoísmo sale mi explicación de nuestro inminente fracaso como pareja; siempre salgo con el mismo tipo de niño egocentrista y valemadrista que no me sirve de soporte ni de apoyo, porque está demasiado ocupado admirando su propio reflejo; y que dicho sea de paso, ni siquiera me trata como merezco ser tratada. Sí, mi patrón es el típico principito junior, guapo y caprichoso, emocionalmente indispuesto y psicológicamente inmaduro incapaz de dar y que sólo sabe recibir; que me deja drenada, frustrada y dolida, en pleno grito de guerra para el siguiente que se quiera acercar.
.
En el momento no me importa, me digo a mí misma, porque como siempre estoy demasiado ocupada viendo hacia atrás, extrañando al que ya se fue, y cuando finalmente me decido a ver al frente ya es demasiado tarde, ya estoy hasta el cuello en otra relación fallida y empieza otra vez el cuento de nunca acabar de extrañar y añorar; de manera que siempre acabo duermiendo con alguien que no quiero hasta que realmente quiero a alguien con quien no duermo...no puedo decir que no me lo merezca por tonta...
.
Pues bien, ya detectado el error puede aplicarse la solución y a todo patrón siempre hay un antídoto: la voluntad de hacer las cosas diferentes, pero más que eso, empezar a dar pasos conscientes hacia adelante y no hacia atrás. Así, de mi reflexión introspectiva he concluido que los patrones sirven sólo para una cosa: para romperse; ahí voy pues a darle con todo a los míos...