viernes, noviembre 19, 2010

Malabarista


Cae la noche y las luces se van apagando, la expectativa flotando en el aire. De pronto una luz se enciende, un único reflector que ilumina el centro de la pista, y ahí está, de pie, segura y presta a iniciar.


Lanza la primera esfera, negra como las sombras con filos plateados de esperanza. Una esfera que se formó de las intensiones ocultas de un hombre que se presentó como un amigo, para enamorar y destruir, para encadenar y usar por más de tres años.


Con la bola negra en el aire saca entonces otra esfera, roja como la pasión, como la sangre, con decoraciones doradas como el sol que trajo consigo. Una esfera tan bella como inesperada que cambió caminos y sanó heridas, que dejó algunos secretos y mentiras pero muchas sonrisas, y que voló dejando un aroma de alegría y agradecimiento en el aire.


Dos en el aire y aparece la tercera, verde cual olivo y cual envidia, de diseños intrincados e ininteligibles, peligrosa, que flota versada en mentir y enredar, en encelar y provocar, aunque pareciera la más joven e inocente de todas las esferas.


Y la malabarista empieza la suerte, lanzando al aire las tres esferas que regresan con fuerza, con intensión de golpear y herir, y se alejan nuevamente al toque de la mujer que les tiene entre las manos. Suben y bajan, van y vienen, se intercalan, algunas veces acariciando, otras veces dejando marcas, una y otra vez.


El público, cómodo en sus asientos fríos y alejados, oculto por el velo de la desconexión, se acomodan a juzgar las formas en el aire, los actores en la suerte, las decisiones de la malabarista, que con amor recibe las esferas entre sus manos esperando que de una vez por todas decidan quedarse ahí y dejar de cansarla y hacerle daño.


De pronto algo en ella cambia, se da cuenta que las esferas, hermosas como son, amadas como son, jamás dejarán de lanzarse al aire y regresar con saña, pensando que hacer lo que hacen está bien tan sólo porque está en su naturaleza, negándose a retar a la gravedad y a sus patrones.
La malabarista sabe que no tiene necesidad de estar ahí, de ver ir y venir a las esferas, de recibirlas con delicadeza y considerarlas y protegerlas; sabe que es una mujer completa, admirada y admirable, y finalmente decide que su amor propio ha de ser más grande que su amor por aquellas formas predecibles y traicioneras. Así que las lanza una vez más, con mucha fuerza, en una suerte delicada y hermosa, y entonces…se da la media vuelta, se sacude las cadenas y emprende un nuevo camino, las deja caer, que es tiempo de que rueden como mejor les plazca, donde les corresponde, en el suelo de su naturaleza y no en los aires de lo que la malabarista había querido ver en ellas.


Ahora hay una pista sin artista, con tres esferas que tal vez siempre rueden, tal vez encuentren otra ilusa que las haga volar; lo hermoso es que siempre hay otra pista, siempre habrá otro show, y la malabarista es ahora más versada, más sabia y fuerte, y las esferas…siempre serán esferas…

2 comentarios:

Lolly dijo...

PREACH IT SISTER!

Las que hacen malabares se concentran tanto en que no se escapen las esferas, que no se dan cuenta del big picture ni de por qué lo hacen. No se trata sólo de que "jamás dejarán de lanzarse al aire" sino de que siempre que lo lance, va a acabar bajando otra vez: todo lo sube, baja, y todo lo que lanzas, vuelve. Esa esperanza distrae del objetivo más sano e inteligente: salir de la pista, porque en otra pista no habrá más esferas, sino que habrá cimientos solidos; estabilidad.
Remember there's only two types of people in the world: The ones that entertain and the ones that observe. ;)
Qué opinas?

Anónimo dijo...

That's sooooo true!! very wisely spoken sister!! Now it's time to stay on the new track ;)