sábado, diciembre 25, 2010

Navidad


Y llegó la Navidad sin bombo ni platillo. Y no es que no haya sido tan esperada como en años anteriores, sino que este año llegó casi sin darme cuenta.


Este año no hubo tiempo de disfrutar las compras navideñas, ni de poner el árbol al ritmo de mi ipod; tampoco hubo oportunidad de hornear galletas o cenar con los amigos y hacer visitas llenas de alegría. Este año todo lo que hubo fue polvo, prisas, viajes, cansancio...y en vez de llegar enérgica y dispuesta a la cena familiar, todo lo que quería era domir y descansar, muy a pesar de mi buen humor para la noche.


Navidad para mí era una época mágica, y me hizo toparme de golpe con la cruda realidad de que a mi también la rutina, las responsabilidades, el deber ser, la adultez, me están robando la esencia, la alegría de vivir...el punto es, he se permitirlo? cómo deternerlo? Si día a día hago malabares con tal de exprimirle unas gotas de gozo a las pocas, muy pocas horas que me quedan luego de pasar los días inmersa en actividades que me agobian, que me molestan, que detesto, todo por el bien de un reducido cheque; todo probando ser en vano.


Detectada la enfermedad es más sencillo ponerle remedio, vayamos a buscar debajo del árbol todas esas ganas que me hervían en la sangre y me impulsaban a salir al mundo y contra todo...vivir...

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