sábado, febrero 19, 2011

Tengo un corazón...

Tengo un corazón que late aunque no quiera. Que avanza y se atropella con el estruendo de un caballo a galope a la primera seña de algo engañosamente parecido a lo que desea.
Aunque me he esforzado por ignorarlo, por educarlo y domarlo, desde niña me ha llevo a lugares insospechados, lugares en los que no debería estar, lugares de los que ya no pude regresar; con un "el corazón quiere lo que el corazón quiere" como única explicación a sus correrías.

Ese corazón mío es altanero y caprichoso. Se enamora con facilidad y nunca termina de desenamorarse del todo; se engaña a sí mismo, se boicotea y se pone a la vista de las más obvias intensiones de apuñalar, toreando divertido al destino.

Con los años, sin embargo, ha aprendido a marcar su propio compás, a cantar su propia canción y jamás bailar al ritmo que le toquen. Se volvió orgulloso y sumamente digno, e hizo de las heridas la armadura con la que se lanza a cada nueva aventura sin miedo ni arrepentimientos.

Mi corazoncito quiere ser iluso e inocente, pero a cambio es astuto y bastante versado, aunque de nada le sirve cuando le da por empecinarse en lanzarse de cabeza al vacío, dispuesto a gozar del azúcar-amargo del desamor. Quizás quisiera recordarse un poquito su propia mortalidad para mantenerse sensato.

El corazón ese en el que me hierve la sangre ha cantado a voz en cuello de alegría, con tanta entrega como se ha emborrachado de rancheras y se ha entregado en ardientes tangos, no vaya perdiendo la habilidad de llorar y reír con la misma fuerza y recordar así, con esa claridad ausente de venenos e idealizaciones.

Oh sí, esa bombita de sueños e ilusiones, de fuerzas y determinaciones vaya que tiene talento para construir pedestales tan rápido como los derrumba, guardando en los años un cúmulo de sabiduría y memorias que son su más grande tesoro.

Estúpido corazón que no sabe hacer otra cosa que amar. Maravilloso corazón que se lanza, planea, canta, calla, se pierde, se encuentra, se ciega, ve, olvida y recuerda, se entrega y se guarda, sube y baja, cae...pero siempre se levanta.

Tengo un corazón que late aunque no quiera. Tengo un carzón y no tengo qué hacer con él. Tengo un corazón...y no lo cambiaría por nada...

domingo, febrero 13, 2011

Miedo

Miedo, la última frontera.
El lente que nos hace ver imposible lo que tenemos al alcance de la mano; el único límite real que nos separa de lo que queremos y podemos llegar a ser.
No, yo no pienso vivir con miedo. He de aprender a dejar de temer.

jueves, febrero 10, 2011

No tiene precio...

Anoche me diste una lección. Como todas o casi todas las que he aprendido de o por ti, fue buena, fue necesaria.
Hace ya un tiempo te restringí de mi vida, de mi corazón, porque amarte ha sido lo más noble y limpio que he podido hacer, pero amarte a distancia, desde tu olvido, iba a acabar por destruirme y envenenar lo único que me
queda de ti: el recuerdo.
Me convencí a mi misma que mientras yo aún miraba en tu dirección, deslumbrada como se deslumbra quien despierta por el sol de la mañana, tú fijabas tus ojos en otro horizonte y te confortabas en otros brazos. El dolor de esa idea y la consciencia de que era momento de seguir adelante fueron suficientes para andar.
Pero hace poco me dijiste que no funcionaba, que no estabas enamorado, y ayer me afirmaste que para ti no hay otra como yo en todo ese enorme país en el que vives, y eso fue suficiente para traer brillo a esas chispas que en mí dormían. El saber que me recuerdas con cariño, que aún sientes ese deseo que nos consumía, que realmente significo algo para ti, me da más fuerzas y entereza...para continuar mi vida como debe de ser, sin ti.
Debo admitir que de cuando en cuando me sorprendo soñando despierta, preguntándome inocentemente cómo sería si la vida fuera indulgente y decidiera sorprendernos con reunirnos otra vez…tendría el valor entonces para seguirte hasta el fin del mundo? Podría lograr que me amaras como yo te amé a ti?
Todo lo que sé es que aún eres esa luz que dio brillo a mi vida y que aún me mantiene tibia desde el pasado; que te pienso y suspiro; te recuerdo y sonrío, y eso, no lo cambiaría por nada; eso, no tiene precio…

lunes, febrero 07, 2011

El que vino y no volvió

Eran las 3 de la mañana y las penas le perlaban la frente, como venían haciéndolo desde que dormía sola en esa cama vacía que antes rebosaba de vida y calidez.

Resuelta a no seguir pensando, se levanta con pasos de plomo y enciende la única ventana al mundo exterior con la que aún se siente cómoda, y mientras espera que la pantalla cobre vida, se toma sorbo a sorbo su dósis de resignación.

Qué pequeña es de pronto la habitación! Las oscuras paredes se le vienen encima, brillando en ellas, como ilumiadas con luz propia, aquellas cosas que aquí y allá le recuerdan los momentos que fueron y ya no serán. Déjenme en paz! Le ordena a sus traicioneros pensamientos, y poco a poco se va sintiendo mejor, conforme el caos que era su subconsciente va cediendo al orden de despertar.

Ahora sí puede analizar las cosas con calma, en la seguridad de la razón y no del sentimiento, y se pregunta a sí misma la razón de tanto alboroto. Ah si! he soñado otra vez con él...fue la única respuesta.

Él. Ese especimen del género masculino sin el que vivía feliz pero con el que fue aún más feliz y que ahora es el veneno que le late por las venas amenazando con arrasar todo lo que se ha construido para sii misma a su paso. Ese mentiroso que le llenó de promesas y le conquistó con detalles, hasta que rendida a sus encantos, no le importó que fuera lobo tras piel de oveja y le dio entrada para que le hiciera daño.

En su vida, Él ha tenido muchas formas y unos cuantos nombres, pero a final de cuentas siempre ha sido el mismo, ese que viene, toma, pero en realidad no está ahí y desde luego nunca deja nada a cambio, por lo menos nada que pueda evocar rayos de sol en vez de lluvias. Cierto es que Él, uno o dos Él, han dejado arcoiris, pero nada que se compare con el resplandor que era su corazón cuando amanecía en sus brazos.

Si no está aquí, ¿Por qué no parte ya de una vez por todas? ¿Por qué la atormenta por las noches, en el día, siempre con ganas de doblarle?

Pero no. Él sigue clavado en su mente. Él, que le abrió los ojos al mundo de los adultos; o Él, que le enseñó lo que era la vida sin restricciones; Él, que le tomó miedosa y la soltó valiente; o Él, que le hizo amarlo más allá de la pena, de las normas, de la muerte. Él, que vino de lejos para no quedarse; Él, todos él, que en cuanto llegó, en realidad no estaba, porque Él, ese Él que tenía a su lado, en realidad no era Él que la había encantado; ese Él vino, conquistó, y nunca volvió....

La mañana clarea ante la ventana; la ventana verdadera, no esa en la que plasmó todo lo que sentía y le agobiaba. Apagó la camputadora y se estiró aliviada; era un nuevo día, todo era más fácil en el día, y había logrado sobrevivir orgullosa y digna otra noche.

-Una nueva oportunidad!-se dijo. Abrió la puerta, recibió los rayos de luz en su rostro, y se lanzó fuerte y dispuesta a la vida, más entera, más sana, más confiada, más lista para olvidar y seguir...