Tengo un corazón que late aunque no quiera. Que avanza y se atropella con el estruendo de un caballo a galope a la primera seña de algo engañosamente parecido a lo que desea.Aunque me he esforzado por ignorarlo, por educarlo y domarlo, desde niña me ha llevo a lugares insospechados, lugares en los que no debería estar, lugares de los que ya no pude regresar; con un "el corazón quiere lo que el corazón quiere" como única explicación a sus correrías.
Ese corazón mío es altanero y caprichoso. Se enamora con facilidad y nunca termina de desenamorarse del todo; se engaña a sí mismo, se boicotea y se pone a la vista de las más obvias intensiones de apuñalar, toreando divertido al destino.
Con los años, sin embargo, ha aprendido a marcar su propio compás, a cantar su propia canción y jamás bailar al ritmo que le toquen. Se volvió orgulloso y sumamente digno, e hizo de las heridas la armadura con la que se lanza a cada nueva aventura sin miedo ni arrepentimientos.
Mi corazoncito quiere ser iluso e inocente, pero a cambio es astuto y bastante versado, aunque de nada le sirve cuando le da por empecinarse en lanzarse de cabeza al vacío, dispuesto a gozar del azúcar-amargo del desamor. Quizás quisiera recordarse un poquito su propia mortalidad para mantenerse sensato.
El corazón ese en el que me hierve la sangre ha cantado a voz en cuello de alegría, con tanta entrega como se ha emborrachado de rancheras y se ha entregado en ardientes tangos, no vaya perdiendo la habilidad de llorar y reír con la misma fuerza y recordar así, con esa claridad ausente de venenos e idealizaciones.
Oh sí, esa bombita de sueños e ilusiones, de fuerzas y determinaciones vaya que tiene talento para construir pedestales tan rápido como los derrumba, guardando en los años un cúmulo de sabiduría y memorias que son su más grande tesoro.
Estúpido corazón que no sabe hacer otra cosa que amar. Maravilloso corazón que se lanza, planea, canta, calla, se pierde, se encuentra, se ciega, ve, olvida y recuerda, se entrega y se guarda, sube y baja, cae...pero siempre se levanta.
Tengo un corazón que late aunque no quiera. Tengo un carzón y no tengo qué hacer con él. Tengo un corazón...y no lo cambiaría por nada...

