lunes, febrero 07, 2011

El que vino y no volvió

Eran las 3 de la mañana y las penas le perlaban la frente, como venían haciéndolo desde que dormía sola en esa cama vacía que antes rebosaba de vida y calidez.

Resuelta a no seguir pensando, se levanta con pasos de plomo y enciende la única ventana al mundo exterior con la que aún se siente cómoda, y mientras espera que la pantalla cobre vida, se toma sorbo a sorbo su dósis de resignación.

Qué pequeña es de pronto la habitación! Las oscuras paredes se le vienen encima, brillando en ellas, como ilumiadas con luz propia, aquellas cosas que aquí y allá le recuerdan los momentos que fueron y ya no serán. Déjenme en paz! Le ordena a sus traicioneros pensamientos, y poco a poco se va sintiendo mejor, conforme el caos que era su subconsciente va cediendo al orden de despertar.

Ahora sí puede analizar las cosas con calma, en la seguridad de la razón y no del sentimiento, y se pregunta a sí misma la razón de tanto alboroto. Ah si! he soñado otra vez con él...fue la única respuesta.

Él. Ese especimen del género masculino sin el que vivía feliz pero con el que fue aún más feliz y que ahora es el veneno que le late por las venas amenazando con arrasar todo lo que se ha construido para sii misma a su paso. Ese mentiroso que le llenó de promesas y le conquistó con detalles, hasta que rendida a sus encantos, no le importó que fuera lobo tras piel de oveja y le dio entrada para que le hiciera daño.

En su vida, Él ha tenido muchas formas y unos cuantos nombres, pero a final de cuentas siempre ha sido el mismo, ese que viene, toma, pero en realidad no está ahí y desde luego nunca deja nada a cambio, por lo menos nada que pueda evocar rayos de sol en vez de lluvias. Cierto es que Él, uno o dos Él, han dejado arcoiris, pero nada que se compare con el resplandor que era su corazón cuando amanecía en sus brazos.

Si no está aquí, ¿Por qué no parte ya de una vez por todas? ¿Por qué la atormenta por las noches, en el día, siempre con ganas de doblarle?

Pero no. Él sigue clavado en su mente. Él, que le abrió los ojos al mundo de los adultos; o Él, que le enseñó lo que era la vida sin restricciones; Él, que le tomó miedosa y la soltó valiente; o Él, que le hizo amarlo más allá de la pena, de las normas, de la muerte. Él, que vino de lejos para no quedarse; Él, todos él, que en cuanto llegó, en realidad no estaba, porque Él, ese Él que tenía a su lado, en realidad no era Él que la había encantado; ese Él vino, conquistó, y nunca volvió....

La mañana clarea ante la ventana; la ventana verdadera, no esa en la que plasmó todo lo que sentía y le agobiaba. Apagó la camputadora y se estiró aliviada; era un nuevo día, todo era más fácil en el día, y había logrado sobrevivir orgullosa y digna otra noche.

-Una nueva oportunidad!-se dijo. Abrió la puerta, recibió los rayos de luz en su rostro, y se lanzó fuerte y dispuesta a la vida, más entera, más sana, más confiada, más lista para olvidar y seguir...

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