
Mi querido J.
Hay que ser valiente para toparse con la vida y no dejarla pasar.
.
Hay que ser valiente no sólo para pensar, sino para decir lo que se piensa.
Hay que ser valiente para morir, para sufrir, pero sobre todo para vivir y para amar.
Hay silencios y suspiros y lágrimas más valientes que muchas palabras, pero hay palabras que para escribirlas necesitan del valor insolente.
Envalentonarse con tequila no es ser valiente y cubrirse las espaldas con razones tampoco denota heroísmo, pero tal vez eso fue lo que necesité para cantarte de mi ronco pecho eso que me hacía experta en escapismo.
Y es que he escrito la carta en mi mente como mil veces, y aún así sigo sin encontrarle orden a las palabras para decirte cuanto preciso.
En el mundo en el que habito, en la historia de la que vengo, la soledad siempre ha caminado de la mano de mi fuerza y fiereza para enfrentar la vida. Era yo una sola roca enfrentada a la tempestad, fuerte y afilada; era la única forma que conocía para vivir, hasta que llegaste tú.
El momento exacto en el que pasé de guerrera a amante no puedo decirlo, pero sí puedo evocar el justo instante en el que supe que ya no me pertenecía solo a mí. Luchando como estaba, aún en contra de mí misma y animada por tus advertencias, a pesar de todo, hiciste de mis renuencias el ejemplo más claro del dominio de tu encanto.
De nada sirvió que ocultara en negación tu conquista, porque mi alma y el mundo mismo sabían que poco había que hacer ante tanto amor. Pasé de la noche al día, y en tan hermosa agonía me bebí la vida que nunca me atreví a soñar.
Borracha como estaba de alegría, no me detuve a pensar en luegos y futuros, en lo que sería de mí con todas mis barreras destrozadas, el corazón cautivo y todo lo que hasta entonces había sostenido como cierto o real fuertemente cuestionado; no me detuve a pensar qué sería de mí ya no siendo la misma, una vez que te fueras para no volver.
Cuando el reloj de arena se vació, cuando se nos acabó el tiempo, el mundo, ese mundo que una vez me miró extasiada, enamorada, ahora me encontró desorientada, vacía, batallando para encontrar lo que cabía antes de que me llenara de tí.
Yo no quería de tí disculpas culpables, yo no puedo aceptar tus pretextos, porque por necedad, intuición o la noción de lo perfecto, yo sé que en el fondo, muy a pesar tuyo, llevas tatuada la marca de mi nombre en el corazón.
Es por eso que a pesar del razonamiento, de la obviedad, la distancia y el tiempo, yo sigo sin poder encontrar finales en la despedida, porque algo me grita que de todo lo que fue, nada se perdió. No tiene sentido, nada tiene sentido, y por eso no me encuentro con la aceptación.
Sin saber cómo o por qué aún te llevo dentro, aún estoy dispuesta a cruzar contientes por tí. Pero hay que ser valiente para amar, y yo no soy lo suficientemente osada para subir a un avión y plantarte mis palabras de frente, porque a nada le temo más que a verte y perderte, o peor, saber que en realidad nunca fuiste mío para tenerte.
A pesar de todo, sí soy lo suficientemente fuerte para pedirte honestidad y franqueza; que si así debe ser, he de entender por tu boca lo que puedo y no puedo esperar de tí, si bien a fin de cuentas, y a pesar de todo cuanto sienta, no me toque un final feliz a tu lado.
Si esto sale mal, y el temple de poco me sirve, seguramente no volveré a saber de tí como tu no sabrás nunca más de mí; será el precio que hay que pagar, pero has de saber que, no importando el desenlace, siempre habrá gratitud por lo que me diste, lo que me dejaste y lo que hiciste que descubriera en mí. Podrás estar convencido de que fuiste y serás una luz en mi vida, una que ni siquiera el desamor podrá opacar con su veneno.
Aunque algunas veces parezca absurdo, una mujer enamorada debe defenderse a sí misma de una misma. Es por eso que a demás de por tí, estoy hoy aquí enfrentándote por mí, por mi bien, porque no hay peso capaz de atormentar más que el cobarde "si hubiera"; así que ya sea que compartas lo que siento, o que me alejes para siempre, no te quedes en silencio, porque no me lo merezco.
Sí, hay que ser valiente para pedir y tomar, pero también hay que aprender a serlo cuando hay que soltar; yo te quiero, y de alguna manera siempre será así, pero si decides que así debe ser, también sabré decirte adiós y no mirar atrás.
Live long, live deep, my love.
Moi.
1 comentario:
"una mujer enamorada debe defenderse a sí misma de una misma" que gran verdad :-O
Publicar un comentario