Últimamente estoy hecha un caos y ya he dicho que siempre escribo cuando estoy triste.
Bueno, en realidad "últimamente" y "estoy triste", son palabras de poca monta para lo que me sucede, que data ya de varios meses atrás y me tiene poco menos que desolada.
Escribir ayuda, sin embargo, y yo estoy harta de sentirme así, de que los rayos del sol no penetren mis sombras, de que todas mis soluciones, luchas y resoluciones acaben destrozadas en el campo de batalla, y de que no haya manera de hablar de ello.
¿Por qué es que el corazón siempre encuentra la manera de entregarse al individuo con el letrero más grande de "soy un patán inmaduro"?
¿Por qué además de todo el condenado organo no tiene la decencia de avisar "ahí va el golpe"?
¿Por qué, no contento con andar arrastrando cadenas por un hombre, hace espacio para otro?
Y ¿ por qué aún cuando ve que metió la pata y anda llorando por los rincones se aferra a lo que le hiere y no deja que la razón lo saque de su miseria?
Gusto me daría que sufra el desgraciado para que aprenda a encerrarse en la constante indiferencia, lo malo es que a la que le duele es a mí y eso me ha traído como fantasma por meses.
Ya bastante mala es una ruptura amorosa, y a mí me están tocando dos. Dicen que en el pecado viene la penitencia y tal vez me lo merezca por, enamorada de uno, buscar consuelo en otro, y acabar con el corazón hecho puré por culpa de los dos.
Yo solo opino que ya estuvo bueno, a fin de cuentas no hubo engaños de mi parte y aprendí mi lección...a quién hay que escribirle para que me reduzcan la condena?
viernes, julio 29, 2011
viernes, julio 08, 2011
A la vida, por los cuernos

Se dice que nunca llegarás a un lugar distinto si siempre caminas sobre los mismos pasos. Se dice que para vivir hay que reinventarse o prepararse a caer en el olvido.
Durante veinti tantos años yo hice lo mismo, una y otra vez, hasta que trocitos de mi vida se convirtieron en ciclos continuos, copias calca de tragedias pasadas que añoraba evitar pero a las que me condenaba irremediablemente.
Muchas veces intenté cambiar, evolucionar, pero jamás lo logré; y luego un día, sin mayor aviso, el mundo giró 180 grados.
Me ha tomado año y medio darme cuenta que ya no puedo seguir esperando encontrar mi tranquilidad en el control que antes tenía de mi medio, porque con el giro todo devino en caos. Yo ya no soy la misma, jamás volveré a serlo, y hasta que deje de caminar de espaldas, viendo hacia atrás, jamás llegaré a donde debo y quiero estar.
El mundo ya no es el mismo, ahora es un lugar donde no domino las reglas y nada más que mi pericia por experiencias pasadas me saca adelante. Las antiguas ideas ya no funcionan, los antiguos remedios son obsoletos.
Cuando todo cambió yo me encontraba segura en la protección de unos brazos amorosos y fuertes que muy pronto, por falta de valor y destino, me soltaron. Hice entonces lo que siempre he hecho, buscar seguridad, y me lancé a protegerme en otros brazos hermosos, deseables, pero que resultaron ser ruines y traicioneros.
Por mi ansia de control, de seguridad, acabé por atarme en cadenas de celos, de inseguridad, de enojo y tristeza hasta el punto en que la guerrera, cansada de tantas luchas sin sentido, se sentó a esperar a ver a qué hora me daba por reaccionar y romper mis ataduras.
Hoy me miro en el espejo y no me reconozco salvo por ese fuego que arde en mis ojos exigiéndome revivir. Ya no quiero ser la de antes, porque esa mujer no podría con las cargas de ahora, debo ser yo y quiero ser más, y en ello he puesto mis pasos, prestos a salir y tomar lo que quiero y dejar de esperar infructuosamente a que llegue a mí.
Si el tiempo y la distancia curan todo, cuento con ellos para lograr mi cometido: librarme de un hechizo, dejar pasar al olvido, soltar los pesos, las cadenas y lo que me ha perdido, y levantar la barbilla, caminar con fuerza y tomar a la vida por los cuernos, que a domarla y no a torearla es por lo que estoy aquí.
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