sábado, septiembre 24, 2011

Off with their heads!

I love to be loved by my people but...is it too much to ask to be left alone one weekend? Just one weekend?!


How many times do I have to say "no"?



Gosh!! Need 5 minutes!! Give it up already!!



Thank you!

Living of the fumes...

When I grow up...


When I slim 5 more kilos...



When I get that fancy job...



When I buy that new dress...



When I own the huge house...



When I travel around the world...



When I see him again...

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Why do we keep pushig living life until we achieve all our "if's" and "when's"? (which by the way we don't 'cause we always find new ones)



Why do we tend to keep happiness waiting?



As sure as hell we don't need the house, the dress, the body or the man to be complete...


As sure as hell happiness won't wait for us...

viernes, septiembre 16, 2011

Shocker...

Por primera vez en mucho tiempo, por un minuto, no quiero estar en ningun otro lugar...aún no averiguo si eso es algo bueno...

martes, septiembre 13, 2011

Feliz...

El sol sale, los pájaros cantan, la gente sonríe y todo parece brillar para tí.




Andas por la calle y el viento te acaricia, susurrando lo hermosa que es la vida y por un momento todo es perfecto.




No hay obligaciones, tristezas o sin sabores; el pecho se te hincha y sientes ganas de cantar...



Es como estar enamorada, excepto por un pequeño detalle: no lo estás.




¿Hace cuánto que no te sentías así?

sábado, septiembre 10, 2011

Y querías que aplaudiera...

Te gusta el escenario, bien al centro y con todos los reflectores sobre ti; cautivar a tu audiencia, adueñarte de ella y guardarla en el bolsillo de los pantalones de diseñador.


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Te gusta que todos los ojos se posen sobre ti al tomar por asalto un nuevo lugar, que todos pregunten en silencio tu identidad, se coman tu apariencia y de alguna manera casi involuntaria, no puedan alejar su atención hasta que se encuentren pidiendo por más.


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Y te gusta rodearte de mí. Esa sensación de poder que te da entrar en una habitación conmigo de tu brazo; los murmullos que provoca la electricidad que emanamos, la elegancia con la que andamos, la sensualidad con la que nos tocamos, ese halo de misterio que te da parecer dueño del espacio, de la situación y sobre todo, de alguien como yo.


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Solo eres sexy, juntos somos dinamita. Tomamos escena, siempre en control, con ese aire de autoridad y rebeldía, con esa manera de dar a entender que alcanzamos alturas que ellos no pueden ni soñar. Somos imanes del deseo y las miradas, tan expertos en el juego y en el arte de atrapar...hasta que por un momento la atracción que proyectamos nos apresa por unos minutos, evidenciando lo que hemos hecho costumbre y empeño en negar.


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Cambia la atmósfera, la medialuz se adueña del ambiente, nos acercamos hasta que el perfume del otro es el aire que respiramos y fundidos en los brazos del otro nos olvidamos del público y de nuestra pequeña obra; nos perdemos en miradas intensas y francas, y por minutos nos olvidamos de nuestro papel y del mundo, y entonces...recordamos que es complicado, que aunque vagos, hay límites que nos mantienen a salvo y nos permiten funcionar, que nos conceden un futuro a medias, pero al fin futuro; y empezamos a escuchar a lo lejos la música, a regresar con cada latido agitado al mundo que habíamos abandonado, vestimos de nuevo nuestras máscaras y encaramos impertérritos e insolentes a esa audiencia que ahora no sabe qué pensar.


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Pero tu antifaz no funciona conmigo, ni el mío contigo; al resentir las fisuras en tu armadura te asustas, sientes la urgencia de huir y ponerte a salvo y vuelves la mirada hacia la salida más segura: buscar otra mujer. Quién sea ella no importa, tiene que ser lo suficientemente bien parecida para que no te tomen por idiota al centrar tu atención en alguien más teniéndome al lado, pero corriente, nada brillante y fácil, de manera que se sienta honrada y acepte una obvia aventura de una noche, o de otra manera no podrías deshacerte de ella por la mañana, cuando te das cuenta de lo que hiciste.
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Las emociones del público se dividen, van desde la incredulidad, la decepción y la tristeza hasta el enojo y la indignación, con motas de admiración masculina por ese que se muestra "bien hombre"; la respiración se contiene y las miradas se desvían hacia mí con un tanto de resistencia por no estar muy seguras de querer saber qué pasa conmigo.
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Y qué hago yo? Me alejo. Te dejo hacer y desde mi suficiencia, te clavo la mirada con irreverencia; observo con atención y hasta con un poco de pena. Duele ver cómo te haces daño y cómo te degradas; cómo vives con miedo a echar a perder las cosas, como el niño que se cautiva por la muñeca de cristal cortado y quiere alcanzarla al verla brillar cuando la toca el sol pero se retrae miedoso, porque sabe que su naturaleza le hará romperla, y acaba por conformarse con el juguete de madera que se siente seguro de poder conservar.


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Una vez más entiendo mi señal de salida del escenario, me doy la media vuelta altiva y te dejo con tu nueva conquista, mientras te escucho a lo lejos explicándole por qué alguien como tú, se fijó en alguien como ella mientras alguien como yo, camina a la puerta; no puedo evitar voltear a mirarla con discreción, evaluarla y sonreír con desdeño al ver con qué facilidad, una más ha caído.
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Amanece, la luz se hace más intensa y trae consigo recuentos y verdades. Abres los ojos y te das cuenta de que esa a tu lado no soy yo, y entonces no puedes sentirte cómodo y platicar, juguetear y abrazar tiernamente como tantas mañanas; al contrario, tu mente empieza a trabajar a mil por hora para encontrar cómo huir elegantemente, y entonces recuerdas que debes trabajar y agradeces por la excusa perfecta.


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Andas por la ciudad en tu coche camino al trabajo y me llamas. Has recordado que en tu afán de cerrarme las puertas de tu alma, me desertaste y ahora quieres saber cómo me las arreglé, cómo estoy; tu ansiedad se calma cuando escuchas mi voz, pero tras mi primera palabra sabes que algo anda mal y la intranquilidad regresa renovada. Te das cuenta de que ya no estás en un escenario y de que terminaste la obra de la manera equivocada.


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Te preguntas si será que estoy celosa, amanecí de malas o...no, nada que implique admitir aunque caigas en la cuenta de que te equivocaste. No alcanzas a saber que mi molestia es porque me dejaste sola y expuesta; porque para lograr tu humillación esperaste que yo me denigrara; porque me deshonraste, colmaste mi paciencia y agrediste ese delicado balance que hacía que todo funcionara; porque me hiciste sentir traicionada.
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Como sea, te retiras entonces dócilmente. Me conoces bien y sabes que tienes más posibilidades de salir bien librado si me das espacio y tiempo, y te convences de que en algún momento te enterarás qué pasa porque no soy de las que se calla. Mientras tanto, eliges de qué manera desplegar tu encanto para enmendar los que sea que esté sucediendo, porque no importa lo que pase, hace mucho decidiste que quieres quedarte.


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Y es que a final de cuentas has entendido que para saber tanto de mujeres, de mí no sabes ni entiendes nada. Te las arreglaste para desmerecer una obra perfecta, acabaste con la magia, y además, luego de todo, querías que al final te aplaudiera...