El mundo de las citas es toda una experiencia. Las chicas solteras nos sumergimos en él porque, aunque disfrutamos de la diversión de nuestro status, por supuesto que no planeamos permanecer así toda la vida.
Hoy tuve una cita de lo más...peculiar, por llamarlo de algún modo. Resulta que salí con un hombre de mi edad-lo que ya es una novedad para mí dado que me atraen los más jóvenes que yo-y que en conversaciones pasadas parecía un profesionista interesante y exitoso-que resultó ser poco más que un acarreador de gente para un político corrupto, aunque...¿Qué político no es corrupto? Pero bueno, ese otro tema-.
El caso es que no conforme con llegar tarde-porque ¡No señores! ¡No pasó por mí!-estaba tan nervioso que apenas dijo nada relevante. El "hombre"-una vez más a falta de otra forma de llamarlo-pagó los boletos del cine-bueno, EL boleto porque gracias a MI tarjeta estaban al 2x1-y se dispuso a dejarme pagar el café-que además pidió el más grande-y las palomitas-que decidió tirar en el piso en un descuido-mientras proyectaban una película buenísima que medio me dejó ver porque no paraba de hablar.
Salimos del cine y no conforme con todo me pidió que lo acercara a su coche ¡Porque le quedaba lejos al niño! "¡Ojalá hagamos esto otra vez pronto!" Me dijo al despedirse, y ¡Claro que lo haremos! Cuando las vacas vuelen y los unicornios aparezcan...
¿Cómo puede pasarme esto a mí? De verdad que estoy anonadada. Los hombres atentos y educados están ya en completa extinción y pareciera que traigo "I love assholes" tatuado en la frente.
Ahora yo solo me pregunto. ¿Dónde están los caballeros?
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