Cuando quieres resultados diferentes no hagas siempre lo mismo.
¿Simple, no? Excepto cuando no tienes idea de lo que estás haciendo mal.
Hoy se cumplió el plazo en el que se suponía que todo debía cambiar; hoy era el día en el que la novela debía dar un giro inesperado hacia el final feliz. Pero se nos olvida que la vida no es para nada un trabajo de ficción y jamás hará las cosas como esperamos o queremos.
Las oportunidades se habían agotado hacía ya un buen rato pero se insistió en encontrar una más debajo de las piedras. No importaron las razones adversas, el silencio impuesto al instinto, el engaño al ser mismo, con tal de vivir un poco más de la maldita esperanza.
Qué pronto se impuso la inercia con un ahogado-te lo dije-retumbando en el diálogo interno; qué pronto caí en la cuenta de que había mucho por recordar y que el coraje y el rechazo no habían sido mecanismos de defensa, sino llanas resignaciones a la realidad.
Entonces huí de la soledad que gritaba el nuevo fracaso y apresuré los pasos, sin dirección, sin destino, hasta que solos encontraron un refugio para olvidar de dónde y por qué habían venido.
-No haré lo mismo, me forjaré una suerte distinta-pensé, y decidida me lancé al ruedo. Bastaron tan solo un par de suertes para toparme con la cruda verdad de que otra vez estaba eligiendo batallas ajenas y además perdidas, una vez más estaba parada en la misma condenada situación.
En dos ocasiones en el mismo día la vida me castigó con el mismo balde de agua fría, solo en caso de que no lo hubiese entendido con la primera jugada perdida.
Pero yo ya tuve suficiente de manzanas podridas, yo ya tuve suficiente de caminar en círculo y acabar herida, así que escuché a mi detector de mentiras, solté las cartas, renuncié a las fichas y me retiré de una buena vez de la partida..de LAS partidas.