domingo, septiembre 25, 2016

Carta a mi ex

Chulada que me llames de madrugada y me despiertes. Inigualable toque de inconciencia que sea para darme la peor noticia de la vida. Incalculable tu nivel de inconsistencia al pensar que lo iba a disfrutar.
Que te me casas con aquella. Juana, Andrea o la hermanastra de Cenicienta da igual, pues siempre es el mismo cuento. No me malentiendas, que de verdad espero que ésta sea la buena y no nada más vayas por ahí enriqueciendo joyeros para luego seguir pintando cuernos, que en sendas obras de arte ya te estancaste y para construir hogares te falta talento.
Que yo qué opino? Que si ya preparé mi vestido de fiesta? La verdad es que me abstengo, y es que el amor que te tenía me alcanza para los mejores deseos pero para ir a regodearme en los funerales carezco de empeño.
No quiero que te confundas amor mío, pensando que tus nuevas me tienen escribiendo con lágrimas las historias de nuestros ayeres, porque cierto es que alejarme de Morfeo no agradezco pero no vaya a ser que pienses que aún me dueles.
Para serte honesta (ahora te la aguantas, mi desvelo gratis no se tiene) espero que sepas lo que te viene. Y es que tienes una alarmante carencia de idea de lo que significa amar. Controlar los pasos de tu "alguien" por satélite no es compañía y palabras en mensajeros o telefonemas no es sintonía, y solo tú piensas que de una relación inexistente y de una palabra ausente, se puede construir un camino al altar.
Estás acostumbrado al todo a cambio de nada y a construir máscaras de realeza a sendas gatas. A fingir que te sobra cuando todo te falta y a armarte sagas donde no alcanza ni para una reseña mal cimentada.
Pero yo ya me libré de eso corazón. Tus desaires ya no viven en mi espacio y tú espacio se llenó de olvido. Y sabes cuál es la mejor parte? Que con bajarme de tu viaje ya no tengo que andar de estación en estación contigo, porque ahora te toca estrellarte solo sin que yo tenga siquiera que ser testigo y sin que hasta por sacarte de entre los escombros tenga que pagar.
Pobre de ti, mi vida, que la vista te vendas y con todo aceleras. Pobre de ti que no conoces de amor, dedicación y entrega ni aunque tu vida de ello dependa. Vaya campante, mi cielo, pero a mí déjeme tranquila, que yo ya tuve suficiente de su penar.
Yo tengo la esperanza puesta en otra parte. En todo eso que eres incapaz de dar. Y yo sin ti, y él  y nosotros resulta tan maravilloso que la luz me alcanza para compartirte un poco aunque eso no evite que te haga tal sombra que ya ni recuerdo a qué sabía tu estar.
Vaya pues cariñito mío, repique sus campanas, arme su casita y póngase a jugar; que su novia imaginaria le llene donde usted no sabe llenar. Mientras tanto los adultos nos vamos a disfrutar la vida, a construir sobre firme, a gozar eso que ya viene pasando, y que no le puedo contar.